martes, 28 de octubre de 2008

De la inmortalidad del Tano

El jugador rival cae y pierde la pelota, se forma un ruck, la pelota queda del lado de Pacific, y de repente, casi como sin querer, llega mansita a las manos del Tano.
¡Corré Tano que es tuyo!
¡Corré Tano que llegás!
¡Vamos Tano, dale, dale!
Todos esos gritos están mezclados, superponiéndose uno con el otro. El del entrenador es el que se oye por sobre los demás, pero también gritan los padres y, sobre todo, gritan los compañeros.
Son solamente cinco los metros que tiene que recorrer el Tano con la pelota. Cinco metros y ahí nomás está la línea del ingoal. Un ahí nomás que para el Tano parece de cinco kilómetros.
El Tano ni la duda y corre con decisión. Ni se da cuenta de los jugadores rivales que se le acercan y lo quieren tacklear.
Llega como un rayo y apoya.
¡¡¡¡¡¡¡¡Try!!!!!!!!! Grita el entrenador y sale a abrazarlo.
El Tano sale corriendo y saltando con sus brazos abiertos y se aprieta al cuerpo del entrenador. Cae al suelo y todos los amigos vienen corriendo y hacen una montaña humana sepultándolo. Las caras de alegría de todos son exageradas.
Se grita como si fuese una conquista de la selección en la final de un mundial. Estoy observando todo y me parece un festejo desmedido para un try.
Relojeo a los rivales que tampoco entienden mucho de lo que pasa y me pregunto si les caerá bien.
Después de unos minutos de festejos y de gritos con cánticos de “Ole ole ole ole Tanoo Tanoo…!!!” el partido sigue normalmente.

La escena ocurrió el fin de semana en Rosario, en el encuentro de rugby infantil del que Pacific fue parte.

Cuando llegamos a Buenos Aires mi hijo me dijo “¿Viste papi como gritamos en el try del Tano?” “Sí”, le contesté, recordando la jugada y el momento. “¿Sabés por qué?” me preguntó.
Y ahí nomás me enteré de que el Tano nunca había podido hacer un try desde sus comienzos en el rugby. Había estado cerca muchas veces pero por un motivo u otro no se le daba. Andaba bajoneado por esa deuda consigo mismo y sus compañeros le habían dicho que no se preocupara, que en esta gira iba a hacer SU try.

Ahí me cerró todo y una felicidad repentina me llenó el cuerpo.

No se si el Tano seguirá jugando al rugby por mucho tiempo más o si en algún momento cambiará de deporte. No se si llegará a ser un Puma o si el rugby será solamente un recuerdo de su infancia.
Pero de lo que sí estoy seguro es que mas allá de eventualmente levantar una copa, dar una vuelta olímpica o jugar en los Pumas, o más allá de transformarse en un ingeniero famoso, un empresario millonario, un profesor notable, o lo que sea que le depare su destino, el Tano siempre se va a acordar de esa tarde calurosa de Rosario, cuando alentado por sus compañeros, corrió cinco metros hasta la gloria.

En el momento en el que la pelota tocó el ingoal el Tano se hizo inmortal.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que buen relato. Literato del Blog !!

Tino.

achille dijo...

Caro Indio, el Tano, Federico llego de Milano hace un año.... alla dejo todo, sus amigos, su deporte preferido (el basquet, era federado) su pais. No fue nada facil, y yo no me hubiera imaginado nunca que querria jugar rugby, pero desde que juega en San Martin cambio mucho su modo de ver la Argentina. Me aclaro hace poco que el siempre va a ser Italiano, pero que se siente muy feliz de jugar con estos chicos que ya empiezan reemplazar los afectos dejados.
Para fede, "el Tano" San Martin es mucho mas que un club, es la posibilidad de sentirse parte, integrarse a este pais, y esto a nosotros sus padres nos llena de felicidad.
GRACIAS A TODOS!!!!
Rosario y Aquiles Comacchio